Colección BBVA

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Anónimo

Cristo de la Piedad con Santas

finales del siglo XV, principios del siglo XVI

óleo sobre tabla
195 x 81,5 x 12 cm
nº. inv. 35564
Predela de retablo compuesta por cinco tablas encastradas en una mazonería de crestería tardogótica sobredorada, con guirnalda de motivos vegetales y cardinas trepanadas. Se separan entre sí mediante pilastrillas muy decoradas que sustentan arcos conopiales con cardinas pinjantes coronadas por el mismo motivo, que en la zona medianera están trabajados con arquillos encadenados.

En el compartimento central, Cristo como Varón de Dolores (Christus Patiens), incorporado en su sepulcro y asistido por dos ángeles de actitud y expresión melancólica. Su posición, además del evidente rango temático, obedece a una motivación litúrgica estrictamente funcional, ya que se trataba de la pintura inmediata al ara ante la cual el sacerdote oficiaba el rito de la consagración eucarística de la misa. De izquierda a derecha aparecen Santa Bárbara, Santa Ana y la Virgen, Santa Catalina y Santa Margarita, todas ellas representadas con sus atributos iconográficos y de manera solemne, en posición frontal o en ligera torsión, destacando sobre una sobria balaustrada de piedra y un fondo de paisaje que, mediante el arbolado, mantiene la simetría y acentúa la sensación de espacio.

Con frecuencia Santa Catalina aparece asociada a Santa Bárbara y Santa Margarita, como es el caso de esta predela. En cuanto a Santa Ana y la Virgen, cabe destacar el protagonismo icónico de la primera, cubierta con una toca blanca, en detrimento de la figura de la Virgen, de reducida e infantilizada talla en contraste con la figura de su progenitora.

Todos los personajes portan nimbos dorados, con decoración realizada con punzón, salvo el que luce Cristo, que además de troquelado es crucífero. La vestimenta se representa mediante ricos tejidos muy elaborados, que animan la composición con su brillante colorido.

En la segunda mitad del siglo XV los pintores aragoneses van acercándose en sus creaciones al naturalismo nórdico germánico y flamenco, de gran elegancia formal, utilizando de manera generalizada al final de la centuria la técnica del óleo. El paisaje que se observa al fondo de estas tablas recuerda a los paisajes nórdicos propios de la pintura flamenca.








Predela de retablo compuesta por cinco tablas encastradas en una mazonería de crestería tardogótica sobredorada, con guirnalda de motivos vegetales y cardinas trepanadas. Se separan entre sí mediante pilastrillas muy decoradas que sustentan arcos conopiales con cardinas pinjantes coronadas por el mismo motivo, que en la zona medianera están trabajados con arquillos encadenados.

En el compartimento central, Cristo como Varón de Dolores (Christus Patiens), incorporado en su sepulcro y asistido por dos ángeles de actitud y expresión melancólica. Su posición, además del evidente rango temático, obedece a una motivación litúrgica estrictamente funcional, ya que se trataba de la pintura inmediata al ara ante la cual el sacerdote oficiaba el rito de la consagración eucarística de la misa. De izquierda a derecha aparecen Santa Bárbara, Santa Ana y la Virgen, Santa Catalina y Santa Margarita, todas ellas representadas con sus atributos iconográficos y de manera solemne, en posición frontal o en ligera torsión, destacando sobre una sobria balaustrada de piedra y un fondo de paisaje que, mediante el arbolado, mantiene la simetría y acentúa la sensación de espacio.

Con frecuencia Santa Catalina aparece asociada a Santa Bárbara y Santa Margarita, como es el caso de esta predela. En cuanto a Santa Ana y la Virgen, cabe destacar el protagonismo icónico de la primera, cubierta con una toca blanca, en detrimento de la figura de la Virgen, de reducida e infantilizada talla en contraste con la figura de su progenitora.

Todos los personajes portan nimbos dorados, con decoración realizada con punzón, salvo el que luce Cristo, que además de troquelado es crucífero. La vestimenta se representa mediante ricos tejidos muy elaborados, que animan la composición con su brillante colorido.

En la segunda mitad del siglo XV los pintores aragoneses van acercándose en sus creaciones al naturalismo nórdico germánico y flamenco, de gran elegancia formal, utilizando de manera generalizada al final de la centuria la técnica del óleo. El paisaje que se observa al fondo de estas tablas recuerda a los paisajes nórdicos propios de la pintura flamenca.





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