Colección BBVA

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Del romanticismo a la modernidad

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Este itinerario aborda el periodo que va desde el Romanticismo a los años anteriores a la contienda civil, en los que aparecen las vanguardias españolas.

La selección pone de manifiesto la riqueza de la pintura española del momento a partir de ejemplos del Romanticismo pleno, en los que fue una constante la interpretación de tipos y costumbres populares (Rodríguez de Guzmán). A la pintura panorámica de paisaje (Gonzalvo) y la de perspectivas o representaciones de interiores (Kuntz), dos géneros habituales en la época, se suman ejemplos de paisaje al aire libre, en los que está presente una nueva sensibilidad naturalista en la que se ensalza la fuerza y la belleza de la naturaleza, un realismo en el que se interpreta de forma directa el motivo representado (Martí i Alsina).

A la importancia de la pintura española en Roma, el centro de formación más relevante a lo largo del siglo (Sorolla, Villegas, Guinea, Peña y Gallegos Arnosa), se suma el foco parisino relacionado con el gran mundo (Madrazo) y el orientalismo tan de moda en esos años (Madrazo, Villegas).

Frente a esas interpretaciones, en deuda con la pintura del pasado, se hace evidente la renovación impresionista (Regoyos) y la libertad del postimpresionismo catalán (Gimeno), así como el paisaje simbolista (Rusiñol y Raurich) y el naturalismo luminista (Meifrén, Sorolla, Santa María, Mongrell, Matilla, Martínez Cubells e, incluso, Bertuchi).

La reacción contra esta última orientación pictórica puede advertirse en un amplio conjunto de obras, imbuidas de una estética más expresiva relacionada con la ideología del 98 (Zuloaga, Iturrino y Arteta). A la influencia de la cultura francesa y la recuperación de una nueva monumentalidad se suma la importancia de los temas regionales (Sotomayor) y el gusto por la ornamentación propio del Déco (Nieto).

Finalmente, hay algunos ejemplos del eco que las vanguardias encontraron en España, con la peculiar recreación del cubismo que practicaron los pintores residentes en París hacia esa época (Viñes), en algunos casos con una geometría más severa (Vázquez Díaz). Estas innovaciones, junto con el temprano paisaje urbano neoyorquino (Vaquero Palacios), suponen una interesante muestra de la renovación pictórica española hacia el final del primer tercio del siglo XX.
 

Obras del itinerario