Colección BBVA

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Michiel J. van Mierevelt

(Delft, 1566/67 – 1641)

 

 

XVII Holandés

Pintor de retratos.

Hijo de un orfebre holandés, recibe su primera formación con el grabador H. Wierix, y posteriormente es discípulo de Willem Willemsz y Augusteijn de Delft. Anthonie van Montfoort, que había contemplado dos de sus primeros grabados de tema religioso ―Cristo y el samaritano y Judith y Holofernes― le invita a entrar en su escuela de Utrecht. En 1625 aparece inscrito en La Haya como miembro del gremio de pintores de San Lucas.

Al principio cultiva el bodegón, la pintura de género y las escenas mitológicas, para posteriormente centrarse en el retrato, género al que pertenece la mayor parte de su producción. Su éxito y la enorme cantidad de encargos que recibe le llevan a organizar un taller con numerosos ayudantes del que salieron cientos de retratos ―más de dos mil―, de los que solo algunos (en torno a quinientos) pueden considerarse de su mano. Estos destacan por la severidad del dibujo, la agilidad de la pincelada, la armonía del color y su elegancia, así como por su maestría para captar la psicología del sujeto y la meticulosidad en la reproducción de los trajes de los retratados.

Muchas cortes de la época solicitaron sus servicios (el rey de Suecia, la corte palatina de Neuburg o Carlos I de Inglaterra), y el archiduque de Austria Alberto VII de Orange, en cuya corte de Delft vivía, le concedió una pensión.



XVII Holandés

Pintor de retratos.

Hijo de un orfebre holandés, recibe su primera formación con el grabador H. Wierix, y posteriormente es discípulo de Willem Willemsz y Augusteijn de Delft. Anthonie van Montfoort, que había contemplado dos de sus primeros grabados de tema religioso ―Cristo y el samaritano y Judith y Holofernes― le invita a entrar en su escuela de Utrecht. En 1625 aparece inscrito en La Haya como miembro del gremio de pintores de San Lucas.

Al principio cultiva el bodegón, la pintura de género y las escenas mitológicas, para posteriormente centrarse en el retrato, género al que pertenece la mayor parte de su producción. Su éxito y la enorme cantidad de encargos que recibe le llevan a organizar un taller con numerosos ayudantes del que salieron cientos de retratos ―más de dos mil―, de los que solo algunos (en torno a quinientos) pueden considerarse de su mano. Estos destacan por la severidad del dibujo, la agilidad de la pincelada, la armonía del color y su elegancia, así como por su maestría para captar la psicología del sujeto y la meticulosidad en la reproducción de los trajes de los retratados.

Muchas cortes de la época solicitaron sus servicios (el rey de Suecia, la corte palatina de Neuburg o Carlos I de Inglaterra), y el archiduque de Austria Alberto VII de Orange, en cuya corte de Delft vivía, le concedió una pensión.