Colección BBVA

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Pedro Díaz de Oviedo

(finales del siglo XV – principios del siglo XVI)

San Orencio

h. 1498

óleo sobre tabla
176,5 x 146 cm
n.º inv. P00414
Inicialmente el retablo se atribuyó a Pedro de Aponte (documentado entre 1500 y 1529), el pintor aragonés de prestigio casi mítico al que se asignaron muchísimas obras en torno a 1500, pero no parece que pueda ser su autor. Posteriormente Chandler R. Post las atribuyó a un tal Maestro de Huesca, formado seguramente con Miguel Jiménez, del que toma los halos dorados, decorados con círculos concéntricos en relieve, y, aunque perdure en ella mucho del gusto flamenco por los pliegues quebrados y la minucia decorativa, muestra rasgos de un incipiente Renacimiento en el tratamiento volumétrico de la figura y en ciertos pormenores decorativos. También recuerda al Santo Domingo de Silos de Bartolomé Bermejo del Museo del Prado, procedente de Daroca y donde también el lujoso trono se decora con figuras policromadas, en ese caso de Virtudes.

Alfonso E. Pérez Sánchez la consideró obra del pintor Pedro Díaz de Oviedo, que realizó el retablo de Santa María de Tudela y que consta se hallaba en Huesca en 1498 decorando las claves de la catedral y trabajando en el retablo mayor de la iglesia de San Lorenzo.

La obra, al igual que Santa Paciencia —también en Colección BBVA—, procede de la iglesia de San Lorenzo de Huesca y for­mó parte del antiguo retablo mayor dedicado a San Lorenzo realizado en torno a 1500, que fue desmontado en el siglo XVII al labrarse el actual. De dicho retablo se han conservado fragmentos dispersos, algunos en la propia iglesia y hoy depositados en el Museo Diocesano. Ambas tablas se encontraban empotradas en la antesacristía de la iglesia hasta su venta, anterior a 1910. Pertenecieron a la colección de la duquesa de Parcent, Trinidad von Scholtz-Hermensdorff, viuda de Iturbe, que las expuso, con toda su colección, en la Real Academia de San Fernando en mayo de 1911. Permanecieron en poder de la familia hasta 1979, año en el que fueron subastadas en Sotheby’s por los herederos de la duquesa, los príncipes de Hohenlohe, junto con el contenido de la finca familiar El Quexigal, siendo adquiridas el 25 de mayo por el Banco de Huesca (integrado posteriormente en el Banco de Bilbao), ingresando por esta vía en la colección.

Según la tradición aragonesa, San Orencio fue el padre de San Lorenzo y esposo de Santa Paciencia. Aparece sentado en un sitial o trono gótico de alto respaldo, cubierto de brocado y con los laterales y los brazales decorados con diez figuras de profetas —entre los que se identifica a Isaías por su filacteria— y otros seis personajes visibles parcialmente, todos ellos pintados en vivos colores, como si se tratara de esculturas policromadas, y con el demonio maniatado a sus pies, en alusión al espíritu del mal que durante su residencia en Labedan, diócesis de Tarbes, intentó sin éxito tentarle varias veces.

Viste una lujosa capa pluvial ricamente bordada de pedrería y perlas, y sostiene una vara florecida que alude a su intervención milagrosa en épocas de escasez en la ciudad de Huesca. A ambos lados, dos figuras de ángeles vestidos de blanco portando en sus manos libros de oraciones.





Inicialmente el retablo se atribuyó a Pedro de Aponte (documentado entre 1500 y 1529), el pintor aragonés de prestigio casi mítico al que se asignaron muchísimas obras en torno a 1500, pero no parece que pueda ser su autor. Posteriormente Chandler R. Post las atribuyó a un tal Maestro de Huesca, formado seguramente con Miguel Jiménez, del que toma los halos dorados, decorados con círculos concéntricos en relieve, y, aunque perdure en ella mucho del gusto flamenco por los pliegues quebrados y la minucia decorativa, muestra rasgos de un incipiente Renacimiento en el tratamiento volumétrico de la figura y en ciertos pormenores decorativos. También recuerda al Santo Domingo de Silos de Bartolomé Bermejo del Museo del Prado, procedente de Daroca y donde también el lujoso trono se decora con figuras policromadas, en ese caso de Virtudes.

Alfonso E. Pérez Sánchez la consideró obra del pintor Pedro Díaz de Oviedo, que realizó el retablo de Santa María de Tudela y que consta se hallaba en Huesca en 1498 decorando las claves de la catedral y trabajando en el retablo mayor de la iglesia de San Lorenzo.

La obra, al igual que Santa Paciencia —también en Colección BBVA—, procede de la iglesia de San Lorenzo de Huesca y for­mó parte del antiguo retablo mayor dedicado a San Lorenzo realizado en torno a 1500, que fue desmontado en el siglo XVII al labrarse el actual. De dicho retablo se han conservado fragmentos dispersos, algunos en la propia iglesia y hoy depositados en el Museo Diocesano. Ambas tablas se encontraban empotradas en la antesacristía de la iglesia hasta su venta, anterior a 1910. Pertenecieron a la colección de la duquesa de Parcent, Trinidad von Scholtz-Hermensdorff, viuda de Iturbe, que las expuso, con toda su colección, en la Real Academia de San Fernando en mayo de 1911. Permanecieron en poder de la familia hasta 1979, año en el que fueron subastadas en Sotheby’s por los herederos de la duquesa, los príncipes de Hohenlohe, junto con el contenido de la finca familiar El Quexigal, siendo adquiridas el 25 de mayo por el Banco de Huesca (integrado posteriormente en el Banco de Bilbao), ingresando por esta vía en la colección.

Según la tradición aragonesa, San Orencio fue el padre de San Lorenzo y esposo de Santa Paciencia. Aparece sentado en un sitial o trono gótico de alto respaldo, cubierto de brocado y con los laterales y los brazales decorados con diez figuras de profetas —entre los que se identifica a Isaías por su filacteria— y otros seis personajes visibles parcialmente, todos ellos pintados en vivos colores, como si se tratara de esculturas policromadas, y con el demonio maniatado a sus pies, en alusión al espíritu del mal que durante su residencia en Labedan, diócesis de Tarbes, intentó sin éxito tentarle varias veces.

Viste una lujosa capa pluvial ricamente bordada de pedrería y perlas, y sostiene una vara florecida que alude a su intervención milagrosa en épocas de escasez en la ciudad de Huesca. A ambos lados, dos figuras de ángeles vestidos de blanco portando en sus manos libros de oraciones.


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